Messy order

Muchos cambios venideros, y yo, viéndolos venir. Y echándote de menos. Y sabiendo que te voy a echar de menos más que nunca.

Te habría encantado.

Es un mal sueño largo,
una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba
lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo este, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!

Jaime Sabines – Algo sobre la muerte del mayor Sabines

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Messy order – Dibujo mío

Y ya son ocho

El tiempo pasa que se las pela. Da miedo. Vuela.

Igual los treinta me hacen hablar como el abuelo cebolleta, pero parece que fue ayer cuando te morías de risa viendo a Faemino y Cansado, cuando te emocionabas al escuchar a Pablo Milanés o cuando me amenazabas con ponerme a la Abadesa Hildegarda Von Bingen si no me levantaba (esa buena señora era peor que el coco para mí).

Parece que fue ayer cuando me enseñabas un disco nuevo, las fotos que habías hecho o la película que te habías descargado (no veas cómo se ha puesto lo de la piratería…).

Parece que fue ayer cuando nos recogiste del cole diciéndonos que había un regalo en casa, y allí estaba mi sueño dorado: el Tronco, ¡un perro!

Parece que fue ayer cuando nos cogías y nos llevabas por los aires; aquello daba más mieo que toda Isla Mágica.

Parece que fue ayer cuando tocabas bajito El canto de los pájaros para que no se le saltaran las lágrimas a mamá.

Miss you.

El tiempo, el implacable, el que pasó
siempre una huella triste nos dejó,
qué violento cimiento se forjó
llevaremos sus marcas imborrables.

Aferrarse a las cosas detenidas
es ausentarse un poco de la vida.
La vida que es tan corta al parecer
cuando se han hecho cosas sin querer. […]

Mi vida y mi muerte son mías

Ayer escuché esta entrevista:

“Poner fin a mi vida es el último acto de amor que me puedo dar a mí mismo” – Entrevista a Antonio Aramayona

Antonio Aramayona murió el pasado 5 de julio. Desde 2007 estaba en silla de ruedas tras sufrir dos infartos y dos ictus. No sufría ninguna enfermedad terminal y podía mover el tronco y las extremidades superiores, pero decidió poner fin a su vida a los 68 años porque creía que había llegado el momento, porque sentía que estaba en el punto concreto en el que era hora de cerrar los ojos y descansar. “Es el último acto de amor que me puedo dar a mí mismo”, reconoció en una entrevista con Carles Francino grabada pocos días antes de su fallecimiento y emitida este jueves en La Ventana.

Las lágrimas rebosaron. No pude evitar la invasión de (muy malos) recuerdos. Por suerte aquello no duró nueve años. Él no lo habría permitido. Ni yo, por mucho intruso que se pusiera por delante. Porque dictar cómo debe asumirse el sufrimiento ajeno no entra en mi código. No por ser atea, sino por ser personita…

Una supuesta autoridad ética sigue imponiéndose a la libertad individual. Una moral católica que, junto al Estado, nos obligan a su visión particular.

Nadie nos preguntó si queríamos estar aquí. Que no nos digan más que nuestra vida no nos pertenece. Porque ningún poder, ni estatal ni eclesiástico, debería ser dueño de nuestra existencia.

Mi vida y mi muerte son mías.

Aramayona intentado un mundo mejor antes de irse.

Aramayona intentado un mundo mejor antes de irse.

Sí sabes lo que se pierden

Con algunos, además de la amistad te une un mismo sentir. Un sentir muchas veces desgarrador, duro. Y muchas veces vacío. Porque de la mochila se han arrancado de cuajo vivencias, momentos que esa persona se ha perdido y se va a perder. Alegrías que no disfrutará y penas que no llorará. Triunfos, propios y ajenos. Tropiezos, lágrimas, risas… vida.

¿Por qué no puedo contarle lo que me ha pasado?

¿Por qué no podemos escuchar juntos este disco nuevo?

¿Por qué no puede estar orgulloso de lo que he conseguido?

Aunque el otoño nos haya invadido y agosto quede ya demasiado lejos, la inspiración nos sigue llegandopor ellos.

Inspirational August

¡La gente no cambia!

Un buen amigo siempre me dice que tendemos a enamorarnos no de una persona, sino de aquello en lo que queremos que se convierta esa persona. También me dice que no tenga hijos nunca, pero esa es otra historia.

Anoche salió el tema en una mesa entre cervezas, papas fritas, serranitos, ensaladillas y solomillos al whisky.

Hay parejas en las que uno juega a ser artista que pinta a su musa. Por dentro. Pinta su vida. Marca su camino. Define su actitud ante las cosas, y ante él mismo. Hasta marca los regalos que tiene que comprarle…

Lo malo viene cuando el artista se da cuenta de que puede tirar sus dibujos a la basura, porque no, ¡la gente no cambia! Los disfraces se llevan durante un rato. La esencia perdura siempre. La buena y la mala, porque esto es como los bancos, que los hay buenos y malos (?).

Vamos a no cambiar, como ya hizo Tamara… la mala (?).

Abstract time. Dibujo mío.

Abstract time. Dibujo mío.

Defender la alegría

Hoy me adueño de las maravillosas palabras de Benedetti.

Este domingo defendamos la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas.

Defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos.

Defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias.

Defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres.

Defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa.

Defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

Este domingo defendamos la alegría como un derecho. Por los que estamos presentes y por los que están en nuestro corazón.

Ya toca.

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Mi trinchera