Y ya son ocho

El tiempo pasa que se las pela. Da miedo. Vuela.

Igual los treinta me hacen hablar como el abuelo cebolleta, pero parece que fue ayer cuando te morías de risa viendo a Faemino y Cansado, cuando te emocionabas al escuchar a Pablo Milanés o cuando me amenazabas con ponerme a la Abadesa Hildegarda Von Bingen si no me levantaba (esa buena señora era peor que el coco para mí).

Parece que fue ayer cuando me enseñabas un disco nuevo, las fotos que habías hecho o la película que te habías descargado (no veas cómo se ha puesto lo de la piratería…).

Parece que fue ayer cuando nos recogiste del cole diciéndonos que había un regalo en casa, y allí estaba mi sueño dorado: el Tronco, ¡un perro!

Parece que fue ayer cuando nos cogías y nos llevabas por los aires; aquello daba más mieo que toda Isla Mágica.

Parece que fue ayer cuando tocabas bajito El canto de los pájaros para que no se le saltaran las lágrimas a mamá.

Miss you.

El tiempo, el implacable, el que pasó
siempre una huella triste nos dejó,
qué violento cimiento se forjó
llevaremos sus marcas imborrables.

Aferrarse a las cosas detenidas
es ausentarse un poco de la vida.
La vida que es tan corta al parecer
cuando se han hecho cosas sin querer. […]

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